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El éxodo radical en Misiones: una crisis interna que no se detiene

La reciente renuncia de Pablo Velázquez a la Unión Cívica Radical en Misiones reavivó el debate sobre la profunda crisis que atraviesa el partido en la provincia.

El éxodo radical en Misiones: una crisis interna que no se detiene

La reciente renuncia de Pablo Velázquez a la Unión Cívica Radical en Misiones reavivó el debate sobre la profunda crisis que atraviesa el partido en la provincia.

 Lejos de ser un caso aislado, su salida se suma a una serie de desvinculaciones que exponen las tensiones y el desgaste interno que sufre el radicalismo misionero.

En este contexto, una carta pública de la dirigente Tiny Jaquet dejó en evidencia el malestar que muchos dentro del partido comparten. En su escrito, Jaquet se refirió a la falta de autocrítica, la escasez de estrategias claras y la dificultad para consolidar liderazgos fuertes como los principales factores que han debilitado a la UCR en la provincia. Además, cuestionó la conducción partidaria por no abrir espacios genuinos de participación y por perder el contacto con la base militante.

Desde la dirigencia, sin embargo, se mantiene otra postura. Se insistió en que quienes abandonan el partido lo hacen movidos por la búsqueda de cargos y no por diferencias ideológicas o de convicción. Según esta mirada, la esencia del radicalismo permanece firme y quienes eligen alejarse lo hacen por conveniencia personal más que por una verdadera crisis partidaria.

Sin embargo, la realidad parece contradecir ese argumento. El proceso de desgaste de la UCR en Misiones viene gestándose desde hace años, con una conducción cada vez más cerrada sobre sí misma y alejada de las inquietudes de su militancia. La falta de un proyecto político claro y de renovación dirigencial ha llevado a muchos a replantearse su permanencia en el partido.

La renuncia de Velázquez, sumada a las críticas de Jaquet y la postura de la dirigencia, deja en evidencia una fractura interna que la UCR misionera parece no poder resolver. Mientras algunos intentan justificar las salidas como simples cuestiones de ambición personal, otros advierten que el problema de fondo es mucho más profundo: un partido sin rumbo claro, sin espacios para el debate y cada vez más alejado de sus propias bases.

El éxodo radical continúa y, por ahora, no parece haber respuestas que logren frenar la crisis.

 

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