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El radicalismo misionero: de partido histórico a herramienta personal

La Convención de la UCR en Misiones proclamó a Santiago Koch, pidió expulsiones y dejó al descubierto la concentración de poder en manos de un solo sector. ¿Qué quedó del partido democratico?

El radicalismo misionero: de partido histórico a herramienta personal

La Convención de la UCR en Misiones proclamó a Santiago Koch, pidió expulsiones y dejó al descubierto la concentración de poder en manos de un solo sector. ¿Qué quedó del partido democratico?

 Politólogo: Joaquin Jaquet

La Unión Cívica Radical de Misiones atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Muy lejos de aquella fuerza política con vocación de mayoría, la UCR se encuentra hoy sumida en una crisis profunda de representación y liderazgo, atrapada en una estructura que responde únicamente a los intereses del sector Evolución, liderado localmente por Ariel “Pepe” Pianesi y alineado a nivel nacional con Martín Lousteau.
En la convención de ayer el sector de Evolución fue el que impulsó la expulsión del partido, a Javier Mela, Martin Arjol y Rodrigo De Arrechea. Sí, leyeron bien: el mismo grupo que hasta hace poco peleaba desesperadamente por sostener la banca de Mela en la Legislatura provincial, ahora lo echa como si nada. De defender su lugar, pasaron a firmar su certificado de defunción política dentro del partido.
Desde el espacio Causa Federal, un sector interno de la UCR misionera que busca recuperar los valores de pluralidad y participación, se difundió un contundente comunicado titulado: “Un frente para pocos no es un frente para el futuro”. Allí denuncian abiertamente la exclusión deliberada de otras líneas internas y la imposición verticalista de decisiones sin consenso.
“Esta construcción se ha llevado adelante con criterios excluyentes, personalistas y profundamente mezquinos”, señala el documento, en el que se pone en evidencia que el radicalismo ha dejado de ser una herramienta colectiva para transformarse en un instrumento al servicio de ambiciones personales.
Pero el show no termina ahí. La Convención Provincial radical decidió proclamar como primer candidato a diputado provincial a Santiago Koch. Y aquí es inevitable un comentario sarcástico: si la UCR lleva a Koch como candidato, el PRO va a tener que postular a Alicia que se encuentra en el país de las maravillas para competir, porque, con todo respeto, nadie sabe quién es Santi Koch. No se lo conoce ni en el padrón, ni en la vereda del comité, ni en el WhatsApp de afiliados.
La decisión de expulsar a tres referentes históricos y reemplazarlos con nombres ignotos deja al descubierto una lógica preocupante: no importa si alguien tiene trayectoria, banca o votos; importa si pertenece al círculo íntimo del nuevo oficialismo radical. Todo lo demás es prescindible.
“La vocación de cambio no puede quedar atrapada en estructuras cerradas”, advierte Causa Federal, apelando a una urgente vuelta a los principios democráticos que alguna vez hicieron grande al radicalismo. Pero hoy, lo que predomina es la rosca de café chico y la lista cerrada entre cuatro paredes.
El radicalismo, que fue partido de debate interno, de construcción colectiva y de compromiso republicano, se reduce ahora a una caricatura de sí mismo, donde la disidencia se paga con el exilio y el silencio se premia con candidaturas.
“El partido se perdió cuando dejó de escucharse a sí mismo”, confió amargamente un histórico dirigente del interior, que ya ni participa de las reuniones, harto de que lo ignoren.
Como bien advierte el politólogo Andrés Malamud, “los partidos que se cierran terminan suicidándose”. Y eso es lo que está en juego. Si el radicalismo misionero no se sacude el letargo, no recupera su base, ni devuelve la palabra a sus afiliados, lo que se juega no es solo una elección más. Es la supervivencia misma de una de las fuerzas históricas de la provincia.
Mientras tanto, la escena es clara: una cúpula festeja sus jugadas, mientras abajo, el partido se vacía.

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